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Permanentemente el futuro llama a la
juventud,
y la llama pidiéndole que traiga
pensamientos nobles y abundantes planes.
¿Estáis, jóvenes de esta hora, obteniendo el
vigor y la destreza para las batallas que os
habrán de venir? ¿No os estremecéis cuando
oís decir que hoy, apenas un dos por ciento
de la población
del mundo profesa el nombre de Cristo?
¿No tenéis compasión de los millones de
almas que viven y parten de este mundo sin
la necesaria preparación para la eternidad?
¿Colocáis el verdadero aliciente,
el de la
fe,
sobre el edificio de vuestra formación
intelectual? ¡De otra forma no resistirá los
vendavales que ahora se preparan, amenazando
al siglo de las luces! ¿Estáis
ligando
vuestra vida
a
Cristo,
la Fuente
de todos los recursos?
Ninguna generación de jóvenes necesitó tanto
del auxilio divino como la juventud
contemporánea. El mundo perecedero que nos
rodea, con sus graves problemas y peligros
de todas clases, llama pidiendo
a gritos
un socorro
inmediato. Ningún programa social,
ni
de
rearme moral o de entrenamiento
democrático, cualesquiera que sean, serán
suficientes para conjurar esas amenazas. Lo
que el mundo realmente precisa es un
refuerzo espiritual urgentísimo.
La victoria de mañana depende de la visión y
de
la preparación de hoy:
-
Un cuerpo que sea el
templo del Espíritu Santo.
-
Un cerebro
equilibrado y alerta.
-
Pensamientos
dignos e
ideas nobles.
-
Un
corazón que sea morada del Cristo
vivo,
-
y una voluntad rendida
a la Voluntad divina.
Solamente así la juventud de esta generación
podrá
marchar sin temor llevando la bandera de
Jesucristo, el
Rey de reyes.
Rosalee Mills Appleby
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