CÓMO ACERCARSE A DIOS Por R.M. McCheyne "¿Con qué me presentaré a Jehová y adoraré al alto Dios? ¿Vendré a ti con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agrada Jehová con millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma? ¡Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno y qué pide de ti Jehová! Solamente hacer juicio y amar misericordia y humillarte para andar con tu Dios." (Miqueas 6: 6-8). La pregunta que se hace un alma despertada a las cosas espirituales que pertenecen a Dios, es:
Quien no ha sido despertado así nunca se hace tal pregunta. El hombre natural (al referirnos al hombre natural tomamos la acepción bíblica de este término, que se refiere al hombre y a la mujer al mismo tiempo) no desea presentarse delante de Dios, ni adorar al alto Dios. No le gusta pensar en Dios. Disfruta más bien pensando en otras cosas, Pronto olvida lo que se le dice acerca de Dios. El hombre natural no tiene memoria para fijar su atención en las como divinas, porque su corazón no está inclinado a ellas, ni le complacen. No quiere, ni le agrada, acudir a Dios en oración; no hay nada que desprecie más el hombre natural que la oración. Por el contrario, fácilmente dedicará media hora cada mañana a cualquier ejercicio corporal, o a otra cualquier labor, por ardua que sea, antes que presentarse en oración ante Dios. No tiene tampoco deseo alguno de ir delante de Dios ni cuando se le aproxima la hora de la muerte. Sabe que habrá de comparecer ante la presencia de Dios, pero no le causa gozo alguno; le es indiferente. Más bien creerá que se hunde en la nada, que en realidad nunca verá la faz de Dios porque -piensa decididamente que no existe. ¡Oh, amigos míos! ¿es ésta vuestra condición? ¡Cuán indudablemente podéis conocer vuestra situación, con cuánta certeza os es dado saber si tenéis "la mente carnal que está en enemistad contra Dios" !Puedo decir a muchos de vosotros que sois como Faraón, y como él preguntáis: "¿Quién es el Señor para que le obedezca?" (Éxodo, 5.2). Puede que tú estés diciendo a Dios: "Apártate de mí, porque no deseo el conocimiento de tus caminos!'. ¡Qué estado tan horrendo es ése: no tener ningún deseo de Dios, que es la fuente de agua de vida! I. LA PENETRANTE PREGUNTA DE TODA ALMA DESPERTADA 1. Un alma despertada comprende que su felicidad principal depende de que vaya a Dios. Ésa era la felicidad de Adán antes de su caída. Se sentía como un niño vigilado cuidadosamente por la amorosa mirada de su Padre. Estar en la presencia de Dios era la fuente de su felicidad; ser amado por Él, ser como una parte integrante de su divino rayo de luz, estar continuamente contenido en el rayo de luz de Su amor, sin nube ni velo alguno que estorbase. El gozo de los santos ángeles es andar en la presencia del Señor y adorar delante del Dios alto. En Su presencia se halla la plenitud del gozo. Jesús dijo en cierta ocasión: "Los ángeles siempre contemplan la faz de mi Padre" (Mateo 18.10). Aun cuando hayan de desplazarse a lejanos mundos en el grato cumplimiento de la voluntad de Dios, sienten que Su mirada amorosa se posa sobre ellos constituyendo su diaria y continua felicidad. En esto radica la verdadera felicidad del creyente. "Como el ciervo clama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré y pareceré delante de Dios?" (Salmo 42.1). No clamaba por los dones de Dios, ni por sus favores y consuelos, sino por Él mismo. El creyente desea vivamente poseer a Dios, estar en Su presencia, experimentar Su amor, sentirse íntimamente cerca de Él, notarle a Él más cerca que ningún otro ser viviente aun en medio de una multitud. ¡Ah, queridos amigos! ¿habéis probado vosotros esta bendición? Da mayor descanso y solaz al alma hallarse en la presencia de Dios una hora, que una eternidad en la presencia del hombre. Estar en Su presencia, bajo Su amor y Su cuidado, es como estar en el cielo, sea el lugar que sea donde esto ocurra. Dios puede haceros felices en cualquier circunstancia. Sin Él, nadie ni nada más puede lograrlo. 2. Un alma despertada tropieza con grandes dificultades en el camino: "¿Con qué...?". Hay dos grandes dificultades: La naturaleza del pecador. "¿Con qué me presentaré... ?" Cuando Dios despierta realmente a un alma, le muestra la miseria y la corrupción que hay en ella. La examina muy directa y profundamente. Le enseña que toda imaginación y designio e intento de su corazón es de continuo solamente el mal, que cada miembro de su cuerpo está exclusivamente al servicio del pecado, que ha afrentado a Cristo de forma ignominiosa, que ha pecado tanto contra la ley como contra el amor; que ha mantenido inicuamente cercada la puerta de su corazón cuando Cristo estaba afuera aguardando y llamando pacientemente hasta que Su cabeza quedó cubierta con la escarcha de la noche y Sus cabellos con el rocío de la mañana (Cantar de los Cantares 5:2). !Sí amigos, Dios os ha descubierto que tales abismos del infierno y del pecado están viviendo y latiendo en vosotros, y que Él ha tenido mucha paciencia con vosotros hasta hoy! Si sois sensibles a ese descubrimiento, vuestro clamor será: "¿Con qué me presentaré a Jehová...?" y llegaréis a pensar para vuestros adentros: "Aunque todo el mundo pudiese acudir a Su presencia, ¿cómo podría hacerlo yo, miserable de mí?” La segunda dificultad es la naturaleza de Dios, "...el alto Dios". Cuando Dios despierta a un alma de manera real, generalmente le revela algo de Su santidad y Su majestad. Así lo hizo con Isaías: "Vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime y Sus faldas henchían el templo. Y encima de Él estaban serafines; y el uno al otro daba voces diciendo: Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de Su gloria. Entonces dije: -¡ Ay de mí, que soy muerto!-" (Isaías 6.1-5). Cuando Isaías vio que Dios era tan grande y tan santo, cayó como muerto. Comprendió que no podía permanecer en la presencia de un Dios tan grande. ¡Oh, amigos, ¿habéis descubierto alguna vez la grandeza y la santidad de Dios de manera tal que hayáis caído de rodillas a sus pies? Desead que Dios os dé el adquirir tal conocimiento como el que tuvo Job, que le llevó a exclamar: "Antes de oídas te había oído, ahora mis ojos te ven; por tanto, me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza" (Job 42.6). ¡Ay, que me temo que la mayoría de vosotros nunca conocerán cuáles son sus obligaciones, y la necesidad imperiosa de presentarse con algo delante de Dios, como lo siente toda alma que ya ha sido despertada aquí, hasta que culpables y enmudecidos, sin agallas y confusos, seréis presentados ante Su gran Trono blanco en el día del juicio! !Oh, que dirijáis vuestra oración y mirada al cielo ahora para que os sea descubierto el Dios hasta hoy desconocido!, para que salga de lo más íntimo de vuestro corazón el clamor del texto que estamos meditando: "¿Con qué me presentaré al Señor y adoraré al alto Dios?" 3. La ansiedad del alma despertada hace la pregunta: "¿con qué?" ¡Ésta es una pregunta penetrante! Es la pregunta de uno que ha sentido "que una cosa es necesaria"; algo que tuviese que, ofreciéndoselo a Dios, le pudiese proporcionar la paz con Dios. Si tuviese millares de carneros, o diez mil arroyos de aceite, con agrado los ofrecería. Si la vida de sus hijos, el objeto de mayor cariño aquí en la tierra, fuese lo que se le pidiese, también los entregaría. Si tuviese mil mundos, todos los daría por alcanzar a Cristo, pero, ¡ay de vosotros en cuyos corazones nunca habéis sentido la preocupación de tener que encontrar algo "con que preveniros delante del Señor"! ¡Qué locura malgastar el tiempo en bagatelas jugándose con ellas intereses eternos! Pobres mariposas, que voláis de flor en flor y no consideráis la oscura eternidad que ante vosotros se cierne. "¡Prepárate para salir al encuentro de tu Dios, oh Israel!" (Amós 4.12). Os estáis apresurando hacia la muerte y el juicio y, con todo, nunca os habéis preguntado: ¿Con qué vestido me cubriré cuando sea llevado ante el gran trono de Dios? Sí tuvieseis que presentaros ante algún monarca terreno, ¿no pensaríais antes con qué os ibais a ataviar"? Si tuvieseis que ser juzgados ante algún tribunal del mundo, ¿no es cierto que os procuraríais un abogado? ¿Cómo es que siendo conducidos inevitablemente al tribunal de Dios nunca os habéis preguntado: "¿Con qué me prevendré, cómo apareceré ante Él?" "Si el justo con dificultad se salva, ¿adónde aparecerá el infiel y el pecador?" (1ª Pedro 4.18). II. LA RESPUESTA DE PAZ AL ALMA DESPERTADA ¡Oh, hombre, "Él te ha enseñado qué es lo bueno" !Nada que el hombre pueda presentar ante Dios le podrá justificar. El corazón natural siempre está tratando de traer algo a Dios en virtud de lo cual pueda ser investido de justicia y quedar así justificado delante de Dios. Nada hay que pueda el hombre hacer ni sufrir, que pueda serle imputado como justicia para que pueda permanecer delante de Dios. Lágrimas, oraciones, obligaciones religiosas, reformas, devociones, en todo ello el corazón se esforzará para aparecer como justo delante de Dios. Pero toda esta justicia es para Dios como un conjunto de trapos de inmundicia. Porque, 1º. El corazón se halla sumido en un terrible pozo de corrupción. Toda cosa en la que el corazón tiene alguna participación o interés, está contaminada y es pecaminosa. Sus mismas lágrimas, oraciones, y aún sus mismos deseos necesitan ser lavados. 2º. Suponiendo que el conjunto de todas sus acciones (oraciones, lágrimas, cumplimiento de preceptos religiosos), constituyesen una justicia perfecta, con todo, no podrían justificar su, porque la tal justicia solo responde por el tiempo en que se cumple. Los pecados antiguos, los pecados de la juventud, continuarían no justificados ni perdonados. ¡Mis queridos amigos, si Jesús ha sido levantado como Salvador y como Justificador, debe hacer con vosotros como el ángel hizo con Josué!: Primero ha de haber un despojamiento para que después pueda tener lugar una investidura: "Quitadle esas vestimentas viles...," y "... te he hecho vestir de ropas de gala" (Zacarías 3:4). Solamente Jesús puede despojarte de tus vestiduras inmundas, y Él puede ataviarte de ropas de gala. Y sólo Cristo es el buen camino: "Él te ha declarado qué es lo bueno" "Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por las sendas antiguas cuál sea, el buen camino y andad por ellas y hallaréis descanso para vuestras almas". Primero: Cristo es el buen camino que conduce al Padre, porque es el más conveniente, el más adecuado y el único asequible. Él cubre ampliamente la necesidad de todo pecador; el Señor fue herido por cada pecado de los pecadores; Él toda desnudez y tiene provisión para cada necesidad. No hay temor alguno de que no quiera recibir a los pecadores, porque precisamente vino al mundo con el propósito de salvarlos. No hay tampoco ningún temor de que el Padre no se agrade de nosotros cuando estemos en Él, ya que el Padre no sólo le envió, y cargó sobre Él nuestra iniquidad y le levantó de los muertos, sino que también le ha puesto y le ha manifestado, y además, ha hecho centrar los ojos de los hombres en Él como Salvador. "¡Oh, hombre, Él te ha mostrado qué es lo bueno!" Segundo: Cristo se ofrece voluntariamente. "Y como por la desobediencia de un hombre, Adán, los muchos fueron constituidos pecadores, así por la, obediencia de uno, Cristo, los muchos serán constituidos justos" (Rm. 5.19). Por amplio que haya sido el alcance de la maldición de Adán, más aún lo ha sido el ofrecimiento de perdón extendido por Cristo. He aquí las Buenas Nuevas para el más vil de los pecadores. Podéis quedar tan plena y libremente justificados y perdonados como aquellos que no han caído y pecado de forma tan grave como la vuestra. " ¡Oh, hombre, Él te ha declarado qué es lo bueno!" Tercero: Porque así Dios es muy glorificado. Cualquier otra forma de salvación tiende a glorificar al hombre, pero ésta glorifica a Dios solamente; por esto es buena. El mejor camino es el que glorifica más plenamente al Cordero de Dios. El camino de la justicia por Cristo Jesús es bueno porque le da a Él toda la alabanza. ¡A Él sea la gloria! Es una justificación que solo se obtiene por la fe para que sea por gracia, o sea, gratuita. Si. un hombre pudiese justificarse a al mismo, o si por sus propios medios, o por sus buenas obras, pudiese creer y alcanzar la justicia de Cristo, tal persona podría gloriarse a sí misma. Pero cuando un hombre se halla como muerto a los pies de Jesús y Jesús le extiende su blanco y puro manto de justicia aplicándoselo, obrando por pura gracia y misericordia, entonces toda la alabanza ha de ser tributada a Jesús. Éste es el camino que Dios ha estado señalando desde la fundación del mundo ¿Has escogido tú el buen camino para ser justificado? Dios nos ha revelado a través de Su Palabra Santa que sería así el camino de la salvación y la justificación. Que solo mediante la muerte de una víctima que muriese por el culpable, siendo ella inocente, podríamos obtener Su perdón. Así se lo indicó a Abel cuando le pidió que que le ofreciese un cordero; así lo ha hecho a través de todos los sacrificios que ordenó en la ley levítica y así lo ha anunciado por medio de todos los profetas... y hoy lo sigue declarando al corazón por medio de su Espíritu Santo. ¿Te ha sido revelado a tí? Si es así, si lo conoces, considera como pérdida todas las demás cosas a cambio de su eminente conocimiento. ¡Oh, qué dulce camino, qué forma tan divina de salvar al pecador! ¡Ojalá que lo conociese todo el mundo! ¡Ojalá qué pudiésemos contemplarlo más y más! ¡Ojalá que a vosotros también os fuese de provecho! "Andad por ellas (por las sendas antiguas) y hallaréis descanso para vuestras almas" III. LO QUE DIOS REQUIERE DEL JUSTIFICADO Cuando Jesús sanó al paralítico de Bethesda, le dijo: "He aquí, has sido sanado: no peques más, porque no te suceda algo peor".(Juan 5.14). Cuando perdonó a la mujer adúltera, dijo: "Ni yo te condeno, vete y no peques más" (Juan 8.11). También en nuestro texto de hoy, cuando el Señor ha declarado "qué es lo bueno", "cuál es el buen camino" añade: "y qué pide de ti el Señor" 1. Dios pide que sus redimidos sean santos, y si vosotros sois hijos, os hará justos y santos. Primero: Pide de vosotros que obréis con justicia. Que seáis justos en vuestra relación entre los hombres, porque éste es uno de Sus propios rasgos, ser justo. Él es un Dios justo. "¿El Juez de toda la tierra no hará lo que es justo?" "Él es mi roca y no hay injusticia en Él". ¿Sois vosotros como Él por medio de Cristo Jesús? Él pide de vosotros que reflejéis la imagen de Jesús. ¿Sois hijos de Dios?, debéis, pues, ser como es Él. ¡Oh, hermanos, sed justos en vuestros negocios y relaciones! Asemejaos a vuestro Dios. Cuidad de no ser deshonestos, vigilad que no engañéis en los negocios. Vigilad que no aumentéis injustamente el precio de vuestras mercancías cuando vendéis y que no las abaratéis injustamente al comprarlas, que alegando falsas o exageradas taras busquéis un abaratamiento injusto: "Es malo, es malo, dice el comprador, pero cuando se ha marchado, entonces se jacta de sí" (Proverbios 20.14). No seáis así entre vosotros. Dios requiere de vosotros que améis la misericordia. Es ésta la característica más sobresaliente de Jesús. Si vosotros estáis en Cristo, bebed abundantemente de Su Espíritu. Dios quiere que seáis misericordiosos. El mundo es egoísta, no es misericordioso. Una madre no convertida no tiene cuidado del alma de su propio hijo. Puede verlo hundido en el infierno, o en caminos de perdición, que para el caso es lo mismo, y no sentir compasión por ello. ¡Oh, la crueldad infernal del mundo no convertido! "No seáis aprensivos con ellos". "Sed misericordiosos, como vuestro Padre que está en los cielos es misericordioso." Segundo: Pide también de ti que te humilles y que andes con tu Dios. Cristo dijo: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mateo 11.29). Si Dios ha perdonado todos vuestros pecados, rebeliones, reincidencias, pasiones, que en modo alguno se abran vuestros labios que no sea para alabarle humildemente, porque Dios pide de vosotros esto, que andéis con Él y que lo hagáis humildemente. 2. Recuerda que éste es el fin, el objeto por el cual Dios te ha justificado. Jesús amó a la Iglesia y se dio a Sí mismo por ella para que pudiese santificarla y lavarla para Él. Ésta fue Su gran finalidad; levantar un pueblo especial para servirle, para ser igual que Él en este mundo y en la eternidad. Dejó el cielo, padeció y murió para haceros santos. Si no sois hechos santos, Cristo murió en vano en favor vuestro. 3. Lo que Él pide va acompañado de Su gracia para hacerlo. Cristo no es bueno sólo como nuestro camino hacia el Padre, sino que además es también la fuente de Agua de Vida. Sé fuerte en la gracia que es en Cristo Jesús. Hay suficiente provisión en Cristo para suplir las necesidades de todo Su pueblo. Un antiguo pastor decía: "Lo mismo que un niño puede recoger muy poca agua del mar con sus dos manos, no es mayor la proporción que nosotros podemos obtener de Dios". Hay infinitas e insondables riquezas en Cristo que nunca podremos abarcar. Sé fuerte en la gracia que es en Él. No te ames a ti mismo y ámale a Él. Ve y dile que, ya que pide de ti todo lo considerado anteriormente, te dé gracia en conformidad a tu necesidad. "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Filipenses 4.19). Él te ha declarado, te ha mostrado que es bueno. Lo ha hecho el mismo Emmanuel, el hermoso Dios con nosotros; aprende de Él y de Él obtén la vida que no perece; obtén el Agua de Vida que saciará tu sed para siempre. Permite que Su mano te sostenga en medio de las olas del mar tempestuoso. Permite que en Sus hombros te lleve sano y salvo sobre los cardos y espinos de el desierto. Contempla a Cristo tanto para tu justificación como para tu santificación. |
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